Volvemos silenciosos y en blanco y negro al mundo

Elvin Munguía es de los pocos autores hondureños prolíficos, no sólo por la cantidad de publicaciones, sino porque ha publicado poesía, novelas, cuentos y ensayos sobre literatura y otros saberes.  Se puede decir que es un polímata artístico. Su trabajo literario, no se puede negar, es una muestra incuestionable de calidad por el manejo de la expresión escrita, la variedad estilística, el tratamiento del verso en cada poema, donde es visible la concatenación ineludible de la forma y el contenido.

Sabemos que el poeta Elvin Munguía en 1999 incursionó por primavera vez en el arte poético con el poemario La soledad y el silencio. Años después, adquirida la madurez y decantada su vocación poética, dio un salto cualitativo con Brevedades y Rosarios, a través del cual nos indujo a recorrer en el laberinto de su imaginario, vinculando al lector a un lirismo particular, construido a partir desde diversas perspectivas estilísticas a veces conversacional, pero con abundante metaforización; figuras e imágenes enriquecedoras, que elevan el lenguaje a un nivel literario poético estetizante.

No podemos negar que su poesía se nutre con giros experimentales para alejarse de las normativas tradicionales en el manejo de la palabra y la estructuración del verso, configurando un juego intertextual que se asoma como parte de la obra, sin negar la influencia literaria, efecto de sus prolíficas lecturas.

César Lazo

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